ChatGPT-5 dispara el consumo eléctrico en plena crisis de regulación energética
- Nilo Duran Garcia

- 19 ago 2025
- 2 Min. de lectura
El modelo ChatGPT-5 de OpenAI marca un salto en capacidad, pero también en su huella energética. Investigadores del laboratorio de inteligencia artificial de la Universidad de Rhode Island estiman que una consulta de este modelo puede requerir hasta 40 Wh de electricidad, con un promedio superior a 18 Wh por respuesta. En comparación, GPT-3.5consumía unos 2 Wh y GPT-4o apenas 0,4 Wh.
Este incremento de consumo tiene implicaciones estructurales. Con más de 2.500 millones de consultas diarias, el uso total de GPT-5 podría superar los 45 GWh diarios, lo que equivale al consumo de 1,5 millones de hogares estadounidenses o a la generación combinada de dos a tres reactores nucleares.
Este aumento se produce en un entorno sin exigencias regulatorias claras. La falta de transparencia en el sector impide evaluar con precisión el impacto real. Aunque el CEO de OpenAI, Sam Altman, ha mencionado cifras como 0,34 Wh y 0,000085 galones de agua por consulta, no se ha aclarado si esos valores corresponden a GPT-5, ni si incluyen procesos como entrenamiento, refrigeración o inferencia.
Actualmente, el 84 % del tráfico de modelos de lenguaje ocurre en plataformas que no publican ningún tipo de métrica ambiental. Esta opacidad es motivo de preocupación entre académicos. Expertos como Marwan Abdelatti, investigador de la Universidad de Rhode Island, exigen una regulación que obligue a las compañías de IA a divulgar el impacto ambiental completo de sus modelos, como parte de un esfuerzo por responsabilizar al sector.
El impacto no es menor. En EE. UU., reguladores alertan sobre una creciente transferencia de costos energéticos desde los consumidores residenciales hacia grandes tecnológicas, que construyen centros de datos sin controles proporcionales. Las previsiones apuntan a que el consumo de energía por parte de la IA podría alcanzar los 130 TWh anuales en 2027. Esto representa aproximadamente el 0,5 % de la demanda eléctrica global actual y pone sobre la mesa un dilema clave para los reguladores: cómo equilibrar innovación y sostenibilidad.





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