Israel bombardea Damasco: se recrudece la tensión entre Tel Aviv y Siria
- Nilo Duran Garcia

- 17 jul 2025
- 2 Min. de lectura
La escalada militar en Oriente Medio sumó un nuevo capítulo con los recientes bombardeos israelíes sobre objetivos clave en Damasco, capital de Siria. Según fuentes oficiales del régimen sirio, los ataques alcanzaron el Ministerio de Defensa y zonas cercanas al palacio presidencial, instalaciones consideradas estratégicas por su rol en la gestión militar del país. Al menos 18 personas resultaron heridas y se confirmó un fallecido. Medios internacionales como Reuters y la Agencia France-Presse también reportaron los ataques, aunque sin confirmar de forma independiente la cifra de víctimas.
El ejército israelí confirmó la operación a través de un comunicado en X, donde afirmó haber atacado un complejo del Estado Mayor sirio utilizado para coordinar operaciones militares en la región. Entre los blancos, también se identificó un "sitio militar" cercano a la residencia oficial del presidente Bashar al-Assad.
La respuesta internacional no se hizo esperar. Altos funcionarios de Estados Unidos, incluyendo al enviado Tom Barrack, trasladaron al gobierno israelí la petición expresa de cesar los ataques y establecer un diálogo urgente con Damasco. Incluso el propio Donald Trump habría pedido a Israel que “respire hondo y detenga la escalada”, reflejando el intento de Washington por moderar el conflicto pese a su alianza estratégica con Tel Aviv. Esta postura supone un leve giro respecto a declaraciones anteriores, donde Estados Unidos había respaldado con firmeza las acciones defensivas de Israel en la región.
A nivel logístico, la Autoridad de Aviación Civil de Siria anunció el cierre temporal del corredor aéreo del sur, reforzando la percepción de un riesgo creciente de confrontación regional.
Este nuevo frente se abre mientras Israel mantiene tensiones simultáneas con Gaza, Líbano e Irán, donde se han registrado episodios recientes de alta intensidad bélica. En este contexto, analistas apuntan a una estrategia de presión múltiple por parte de Tel Aviv, en un momento interno delicado para el gobierno de Benjamín Netanyahu, quien enfrenta múltiples juicios por corrupción en curso, entre ellos cargos por soborno, fraude y abuso de confianza, que han polarizado a la opinión pública israelí y debilitado su liderazgo en un contexto político ya fragmentado, lo que debilita su posición política y refuerza la narrativa de una ofensiva para distraer a la opinión pública interna.





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