China e India acuerdan coordinarse en comercio pese a críticas de EE. UU. por el petróleo ruso
- Nilo Duran Garcia

- 27 ago 2025
- 3 Min. de lectura
China e India acuerdan coordinarse en comercio pese a críticas de EE. UU. por el petróleo ruso
China e India han alcanzado un acuerdo para coordinarse en materia comercial, en un contexto marcado por las tensiones con Estados Unidos, que ha acusado a Nueva Delhi de actuar como “cámara de compensación global del petróleo ruso”.

El entendimiento, anunciado tras una serie de reuniones diplomáticas, refleja un nuevo impulso de convergencia entre las dos economías asiáticas más pobladas del mundo, con el objetivo de reforzar su autonomía frente a la presión de Washington
Ambos gobiernos manifestaron su intención de ampliar los mecanismos de cooperación en sectores estratégicos. Entre los asuntos tratados destacan los fertilizantes, los componentes de tierras raras y ciertas maquinarias industriales.
Estos productos habían estado sujetos a restricciones y limitaciones en los últimos años, generando fricciones bilaterales. El gesto se interpreta como una voluntad de desbloquear áreas de interés común y estabilizar los flujos comerciales en un escenario global cada vez más volátil.
La reacción de Washington fue inmediata. Autoridades estadounidenses denunciaron que India se ha convertido en un intermediario global del crudo ruso, contribuyendo indirectamente a sostener las finanzas de Moscú en plena guerra en Ucrania. En respuesta, la administración Trump anunció un endurecimiento arancelario, duplicando los gravámenes sobre importaciones indias hasta el 50 %. Esta medida representa uno de los gestos más contundentes de Washington hacia Nueva Delhi en la última década.
India rechazó la acusación y defendió la legitimidad de sus decisiones energéticas. El ministro de Asuntos Exteriores subrayó que su política busca garantizar el acceso a suministro asequible para una población de más de 1.400 millones de habitantes.
Además, puntualizó que es China, y no India, el principal comprador mundial de petróleo ruso, lo que refleja la complejidad de las cadenas de suministro globales. El mensaje de Delhi fue claro: su estrategia energética es soberana y no estará condicionada por presiones externas.
El telón de fondo de esta disputa remite a un proceso más amplio. Desde hace dos décadas, tanto China como India han abogado por reforzar la seguridad energética y diversificar proveedores frente a la volatilidad de los mercados internacionales. Mientras Pekín consolidó contratos a largo plazo con Rusia y Oriente Medio, Nueva Delhi multiplicó sus compras de crudo con descuentos tras la imposición de sanciones occidentales a Moscú.
Esta dinámica permitió a ambos países mitigar parte del impacto de la inflación energética global registrada tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Históricamente, la relación entre Pekín y Nueva Delhi ha estado marcada por tensiones fronterizas, enfrentamientos militares y una rivalidad estratégica latente. Sin embargo, también ha existido un denominador común: la búsqueda de una política exterior de autonomía estratégica y la aspiración de construir un orden multipolar menos dependiente de Occidente. La coordinación actual no implica una alianza formal, pero sí un entendimiento pragmático en defensa de intereses compartidos.
Para India, este entendimiento llega en un momento delicado. La economía ha crecido a un ritmo destacado, pero enfrenta riesgos derivados de la dependencia energética y de los efectos de los aranceles estadounidenses. Para China, golpeada por la desaceleración industrial y la presión internacional sobre su política exterior, la coordinación con India ofrece un contrapeso frente a la narrativa de aislamiento promovida por Washington.
El pulso con Estados Unidos no se limita al terreno energético. Las medidas arancelarias podrían derivar en una escalada que afecte al comercio bilateral en sectores como el textil, la electrónica o los productos químicos.
Sin embargo, analistas destacan que ni Nueva Delhi ni Pekín buscan un enfrentamiento frontal con Washington, sino ampliar su margen de maniobra en la arquitectura económica global.
La decisión de reforzar la cooperación comercial en este contexto refuerza la percepción de que Asia está consolidando un espacio económico propio, donde el petróleo, las materias primas críticas y las alianzas tácticas marcan la agenda.
Para los mercados, esta convergencia añade un nuevo factor de incertidumbre en un escenario ya condicionado por la política monetaria de la FED, la evolución del dólar y los movimientos de los precios de la energía.




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