Shale vuelve a ganar eficiencia en 2024, pero el gas se hunde: luces y sombras en la productividad
- Nilo Duran Garcia

- 12 jul 2025
- 2 Min. de lectura
La productividad de los pozos de shale oil en Estados Unidos muestra señales mixtas este año. Por ejemplo, mientras algunas cuencas como Powder River y Eagle Ford presentan mejoras notables, otras como DJ Basin y Bakken siguen mostrando retrocesos. Según datos de Morgan Stanley, los pozos perforados en 2024 presentan una mejora promedio del 2% interanual en los principales yacimientos petroleros, revirtiendo dos años consecutivos de caídas. Sin embargo, en los yacimientos de shale gas, la situación es contraria: la productividad promedio cae un 9% año contra año, acentuando la debilidad observada desde 2022.

Petróleo: mejora generalizada tras la corrección de 2023
En el segmento de crudo, la mejora en 2024 está liderada por la cuenca Powder River Basin (+13%) y Eagle Ford(+10%), tras fuertes descensos en 2023. Midland, uno de los focos del Permian, se estabiliza con un crecimiento nulo, mientras que Delaware (+1%) muestra una leve recuperación.
Esta mejora se produce tras un 2023 especialmente negativo, donde la productividad promedio de los pozos petroleros cayó un 6%, con caídas destacadas en cuencas como Eagle Ford y Delaware. La reacción en 2024 sugiere mayor selección de ubicaciones de perforación y posible implementación de tecnologías más eficientes.
Gas: debilidad estructural y caída acelerada
El panorama para el shale gas es más desafiante. Las tres principales cuencas muestran caídas interanuales en 2024. Haynesville retrocede un -16%, Utica cae un -4% y Marcellus, la única con crecimiento, mejora apenas un 6% tras dos años de caídas. La tendencia refleja un deterioro generalizado en el segmento.
La productividad promedio del gas ha caído tres años consecutivos desde el pico alcanzado en 2020. Las presiones de precios bajos y la saturación de infraestructura podrían estar pesando sobre la calidad de los nuevos pozos.
Implicaciones para el mercado
Estos datos reconfiguran las expectativas de producción futura y podrían afectar la dinámica de oferta en el mediano plazo. Mientras el crudo muestra signos de eficiencia renovada, el gas enfrenta un deterioro persistente, lo que podría tener impacto en los flujos de capital hacia las distintas cuencas.





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