Tensión energética: Zelenski condiciona el futuro del oleoducto Druzhba a la postura de Hungría
- Nilo Duran Garcia

- 27 ago 2025
- 3 Min. de lectura
El ataque ucraniano a instalaciones del oleoducto Druzhba, principal vía de transporte de petróleo ruso hacia Europa Central, ha abierto un nuevo frente de tensiones diplomáticas en la región.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, advirtió que “el futuro de la amistad depende de la postura de Hungría”, en clara referencia al rol de Budapest en la política energética europea y a su resistencia a respaldar las aspiraciones de Kiev de integrarse plenamente en la Unión Europea.
El gobierno húngaro reaccionó de inmediato. El ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, calificó las declaraciones de Zelenski como “una amenaza directa e inaceptable”, asegurando que Hungría no aceptará presiones que condicionen su soberanía energética.
Desde Kiev, el vicecanciller Andriy Sybiha respondió señalando que “la seguridad energética de Hungría está en sus propias manos”, e instó al país a diversificar sus fuentes de abastecimiento y a reducir su dependencia de Moscú, como han hecho otras naciones europeas.
Los incidentes se producen en un contexto de creciente presión sobre las infraestructuras rusas. Ucrania ha intensificado en los últimos meses sus ataques contra activos energéticos, con el objetivo de debilitar las finanzas del Kremlin y limitar el flujo de recursos hacia Europa.
La estrategia, sin embargo, ha generado fricciones con algunos Estados miembros de la UE que, como Hungría y Eslovaquia, dependen en gran medida del crudo que transita por el Druzhba.
El oleoducto Druzhba, operativo desde 1964, es uno de los sistemas de transporte de petróleo más extensos del mundo y un símbolo de la cooperación energética heredada de la era soviética. Su trazado conecta los yacimientos rusos con Bielorrusia, Ucrania, Hungría, Eslovaquia, República Checa y Alemania, proporcionando durante décadas un suministro vital para la industria europea. Hoy, en el marco de la guerra y de la transición energética del continente, su importancia estratégica se convierte en un factor de vulnerabilidad.

Hungría ha mantenido una política ambivalente frente a Moscú. Mientras la mayoría de países europeos han reducido su dependencia energética de Rusia, Budapest ha retrasado la implementación de sanciones y ha defendido la continuidad de acuerdos bilaterales en materia de gas y petróleo.
Esa posición le ha permitido asegurar precios más estables, pero a costa de un creciente aislamiento diplomático dentro de la UE y de críticas de socios como Polonia y los países bálticos.
La compañía energética MOL, principal operadora húngara, informó que los flujos de petróleo interrumpidos podrían reanudarse entre el 27 y el 28 de agosto gracias al uso de reservas estratégicas.
No obstante, advirtió que una paralización prolongada más allá del 1 de septiembre obligaría a utilizar recursos estatales significativos y podría comprometer no solo a Hungría, sino también al suministro en Eslovaquia. Analistas del sector calculan que hasta un 20 % del diesel destinado a Ucrania podría verse afectado.

Este episodio refleja la compleja intersección entre guerra, energía y diplomacia. Europa se ha fijado el objetivo de reducir a cero su dependencia del petróleo ruso antes de 2027, pero los ataques contra infraestructuras críticas como el Druzhba exponen los riesgos de una transición incompleta y el poder de Moscú para influir en los equilibrios energéticos del continente. La advertencia de Zelenski sitúa a Hungría en el centro de una disputa que va más allá del suministro inmediato y que podría marcar el rumbo de las relaciones entre Kiev, Budapest y Bruselas en los próximos meses.
“El futuro de la amistad depende de la postura de Hungría.”“La seguridad energética de Hungría está en sus propias manos.”




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