Trump ordena la paralización de proyectos eólicos marinos en desarrollo avanzado
- Nilo Duran Garcia

- 26 ago 2025
- 2 Min. de lectura
La administración Trump ha dado un nuevo paso en su ofensiva contra las energías renovables al ordenar la paralización inmediata de proyectos eólicos marinos en la Costa Este de Estados Unidos.

La medida afecta directamente al parque Revolution Wind, desarrollado por Ørsted, que ya se encontraba en un 80 % de construcción, con 45 de 65 turbinas instaladas, y cuyo objetivo era suministrar electricidad limpia a más de 350.000 hogares en Rhode Island y Connecticut.
Con una inversión cercana a los 1.500 millones de dólares, Revolution Wind estaba destinado a convertirse en uno de los proyectos insignia de la transición energética estadounidense. Sin embargo, la orden federal interrumpe no solo el suministro previsto, sino también la creación de miles de empleos vinculados a su construcción y operación.
El gobernador de Rhode Island, Dan McKee, calificó la decisión como un “ataque directo contra los empleos, la energía y las familias”, mientras que sindicatos de la construcción y del sector energético alertaron de que la medida podría desembocar en la pérdida de miles de puestos de trabajo cualificados en una industria considerada estratégica por varios estados del noreste.
De manera paralela, la administración también tiene previsto revocar antes del 12 de septiembre la autorización del proyecto US Wind en Maryland, aprobado durante la presidencia anterior. Esta doble acción refleja un cambio estructural en la política energética federal, que introduce un nivel de incertidumbre regulatoria sin precedentes en el sector eólico offshore.
Los efectos económicos no tardaron en sentirse. Ørsted, principal operador europeo de energías renovables, enfrenta un duro revés justo en el momento en que prepara una emisión de acciones valorada en 9.400 millones de dólares para reforzar su balance financiero.
Analistas advierten que la suspensión de Revolution Wind representa un “gran obstáculo” para la compañía y para el futuro de la energía eólica en EE.UU., con impacto inmediato en su cotización bursátil.
A nivel macroeconómico, la situación se enmarca en un retroceso más amplio: la inversión en energías renovables en Estados Unidos cayó un 36 % interanual en la primera mitad de 2025, equivalente a una reducción de 20.500 millones de dólares.
Este desplome deja al país fuera de los cinco principales mercados eólicos por primera vez desde 2016, reflejando el efecto combinado de la política federal, los aranceles sobre componentes estratégicos y las trabas regulatorias.
Desde la Casa Blanca, la justificación oficial se apoya en argumentos de “seguridad nacional”. Sin embargo, expertos del sector energético y autoridades estatales cuestionan la validez de esta explicación, ya que no existe evidencia concreta que respalde riesgos directos asociados a estos proyectos.

Para varios gobernadores y legisladores, la decisión responde más a una estrategia política que a una evaluación técnica, lo que aumenta la tensión entre el gobierno federal y los estados que promueven una transición hacia energías limpias.
En conjunto, estas medidas representan un giro decisivo en la política energética estadounidense, con implicaciones que trascienden lo ambiental.
La paralización de proyectos eólicos marinos no solo pone en riesgo la creación de empleos y la diversificación de la matriz energética, sino que también altera la confianza de los inversionistas en un sector que había sido considerado clave para la competitividad a largo plazo de la economía estadounidense.




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