Ucrania bajo presión: estancamiento diplomático y fractura interna complican la vía hacia la paz
- Nilo Duran Garcia

- 25 jul 2025
- 2 Min. de lectura
Las expectativas de una resolución al conflicto entre Rusia y Ucrania se diluyen progresivamente. La tercera ronda de negociaciones, celebrada recientemente en Estambul, concluyó sin avances sustanciales. Paralelamente, el Kremlin ha rechazado la posibilidad de un encuentro entre Vladimir Putin y Volodímir Zelenski antes de finales de agosto. Esta negativa se enmarca en el ultimátum planteado por Donald Trump, quien ha dado un plazo de 50 días —hasta el 3 de septiembre— para lograr un acuerdo, bajo amenaza de nuevas sanciones contra Rusia y sus socios comerciales en el sector energético.
Moscú sostiene una postura inflexible: exige el reconocimiento formal de su control sobre territorios como Donbás, Jersón y Zaporiyia; la desmilitarización absoluta de Ucrania; el restablecimiento del ruso como idioma cooficial; y un compromiso irrevocable de no adhesión de Ucrania a la OTAN. Esta línea negociadora responde a una percepción de ventaja estratégica en el terreno, desde donde Rusia busca imponer condiciones. Mientras tanto, en Washington se perfila un nuevo paquete sancionador con aranceles del 100% para los países que refinen o revendan petróleo ruso, lo que podría desatar efectos colaterales en los mercados globales.
Simultáneamente, en el frente interno, Ucrania atraviesa su mayor crisis política desde el inicio de la invasión. Manifestaciones en ciudades como Kiev, Leópolis y Járkov han expresado el rechazo a una ley impulsada por el Ejecutivo de Zelenski que pretende restringir la autonomía de las agencias anticorrupción: la NABU (Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania) y la SAPO (Fiscalía Especializada Anticorrupción). Estas entidades han sido clave para garantizar la transparencia en la utilización de fondos militares y financieros procedentes de los aliados occidentales.
El malestar se ha amplificado tras la reacción del grupo de embajadores del G7, quienes se han reunido con representantes de estas agencias para expresar su inquietud por la posible erosión institucional. La presión internacional y el descontento ciudadano convergen en un momento crítico, alimentando rumores sobre un eventual relevo en la cúpula del poder ucraniano. Diversos analistas geopolíticos señalan que, sin un giro político, las negociaciones seguirán estancadas y el respaldo occidental podría debilitarse.





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